Llegan las doce en el reloj y beso, abrazo, uva ¡se acabó el año! Las tradiciones se convierten en la razón de compartir, decir que creemos en rituales que ni siquiera sabemos hacer  y hasta llegar al punto de robar un beso; y aunque este espacio es inigualable, creo que esa tradición pertenece más a la casa de mi abuela que a la mía. En mi casa la preparación de fin de año, se trata de empacar maletas y escoger destinos desconocidos para terminar y empezar el año VIAJANDO.

Imagínese sentir toda esta emoción, felicidad, nostalgia y hasta los nervios en el conteo del 3,2,1 resumidos en un viaje. Y así tal cual me sentí en mi viaje a la Patagonia, un destino que tiene la disculpa perfecta para explorar lo inexplorado. Su inmensa naturaleza te hace descubrir que la Patagonia no es el fin del mundo sino el inicio de éste.

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